|
Apariencias
El
humo de un cigarrillo mal apagado y
un pecho exhausto. Una
canción de Sabina y
mi corazón entre las manos. Sangra,
llora, vive angustias pasadas y
cicatriza para volver a abrirse ante
tu desilusión encarnada. Sangra
y vuelve a llorar. Descubriste
que no soy divino que
mi brillo es efímero y
no se compara con mi sombra. Siempre
anhelé arrancarte de tus demonios pero
hoy te devolví a ellos, sin
recompensa, más
que mi frustración. Tus
finas ironías me lastiman, aunque
disimulo no entenderlas. Diplomacia
para no perder lo
último que me queda de tu ser. Más
angustias que risas, siento
que te di, esta
noche en mi sombra me convertí. Podes
no perdonarme nunca, que
yo no sea lo que aparento pero
mi corazón por ti es eterno y
mi sangre inagotable. Manchará
mi corazón mis manos, rojas
las sábanas en mi lecho
te lo ofrezco a tu mandato, tal
vez alma mía, puedas devolverlo a tu pecho
|