|
Charlas
entre Mirnor y Juan Cuando Juan
llevaba una semana de viaje por el Infierno, Mirnor se sumó a su compañía,
provocando el siguiente dialogó: -
Señor Satanás, Señor Satanás. – -
¿Qué carajo hacés acá Cosa?. – -
Vine a acompañarlo, señor Satanás. – -
¿Pero será posible? ¿quién te dijo que vinieras?. – -
Nadie, es que como se fue tan rápido de palacio, pensé que se
había olvidado de mi, señor Satanás. - -
No, no me olvidé de vos. – -
Y pero sino se olvidó de mi, ¿por qué no me trajo? Señor
Satanás. – -
Me estás pidiendo explicaciones a mi, cosa inmunda. – -
No señor Satanás, es que no es conveniente que usted viaje sin
un sirviente, señor Satanás. – -
Me estás dando un consejo a mi, cosa espantosa. – -
No es que pensé... – -
Sabés cual es tu problema, Cosa. – -
¿Cuál? señor Satanás. – -
Que pensás mucho y no en cosas producentes, sino en las mil y
una formas de romperme las pelotas y lo más triste es que tenés una
facilidad bárbara para eso. – -
Pero señor Satanás, yo no quise molestarlo, yo vine a servirlo,
señor Satanás. – -
¿Me querés servir?. – -
Si, señor Satanás. - -
¿Realmente me querés servir?. – -
Si, señor Satanás. – -
Entonces no me hables, no me mires y sobre todas las cosas no me
sigas, ¿está bien?. – -
Pero señor Satanás, yo soy su sirviente. – -
Ya se, Ya se Cosita, pero vos tenés que entender, que a mi, me
infla soberanamente las bolas, que un pelotudo como vos, me hable, me
mire, me siga y hasta que respire sin que yo se lo pida. – -
Pero entonces ¿qué hago yo señor Satanás?. – -
Nada querido, vos no haces nada sin que yo te lo pida mi amor.
– -
Pero mi obligación... – -
¿Querés hacer algo? la concha de tu madre. – -
Pe... – -
Ahora te vas a ir hasta el Palacio y vas a contar cada ladrillito
que tenga y en cada uno de ellos vas a escribir: ¿cómo era que te
llamabas?. – -
Mirnor, señor Satanás. – -
Vas a escribir: “Mirnor es un re-puto” y no te quiero ver
hasta que termines. – -
Si señor Satanás. – A las tres
horas, cuando Juan pisaba el campo de la batalla de los mil años y
quedaba maravillado al oír la historia de la misma, Mirnor volvió. – -
Señor Satanás, señor Satanás, ya termine. – -
Pero la concha de la lora viejo, no te dije que no me rompas las
bolas. – -
Si, señor Satanás y me mandó a contar los ladrillos del
castillo y escribir Mirnor re-puto, señor Satanás. – -
Y ¿por qué mierda no lo hiciste? Me querés decir. – -
Si, ya lo hice señor Satanás. – -
A mi no me mientas, porque te voy a romper la cabeza infeliz. – -
Pero ya lo hice señor Satanás. – -
Y ¿cómo lo hiciste tan rápido? Sorete. – -
¿Tan rápido?. – -
Sabés que a veces hablo con vos y me acuerdo de una serie de
televisión que veía hace mucho, Corky se llamaba la serie. – -
¿Usted veía televisión?, señor Satanás. – -
Ves lo que te digo. – -
¿No? Señor Satanás. – -
Ah sos muy chiquito vos por eso no la veías, ¿cuántos años
tenés?. – -
Tres mil doscientos cincuenta y cinco, señor Satanás. – -
Ah, ¿no tenemos muchos televisores, no es cierto?. – -
Nunca tuvimos televisores, señor Satanás. – -
Que picardia, bueno ¿qué querías?. – -
Nada, yo solo... – -
¿Entonces que mierda haces? ¿acá me querés decir? la concha
de tu madre. – -
Quería saber si precisaba algo, señor Satanás. – -
Nada no quiero tomatelás de acá y no te quiero volver a ver
hasta que vuelva al Palacio, escuchaste Cosa. – -
Si señor Satanás. – Y para
descanso de las pelotas de Juan, Cosa se fue al Palacio y no lo vio
hasta su retorno.
|